
Por Camila Solano, Ninquihue.
La migración de la población mapuche desde la primera mitad del siglo veinte es una clara consecuencia de los procesos de dominación ocurridos en territorios ancestrales. En la actualidad, estos terrenos albergan alrededor del 20% de la población mapuche del país, concentrándose la mayoría en diversas áreas urbanas, lo que conlleva a la disgregación o “diáspora mapuche”. Sin embargo, a pesar de ello, en el plano urbano se han llevado a cabo diversos movimientos y organizaciones que apuntan a la recuperación cultural, lo que forma parte, a la vez, de un proceso de recuperación identitaria.
Quines forman parte de estos movimientos son principalmente jóvenes con ascendencia mapuche -que corresponden a la segunda o tercera generación de sus familias nacidos en la ciudad- participando de grupos políticos que trabajan por fortalecer los canales de comunicación entre mapuches residentes en áreas urbanas, y cuya finalidad son la revitalización de la cultura y la recuperación de predios ancestrales.
Existen innumerables reflexiones acerca de la vida de los mapuches en contexto urbano, a las condiciones precarizadas en las que viven y trabajan, a la marginalidad de la sociedad hacia las personas de esta etnia. Respecto a esto, la Consejería Indígena Urbana expresa que: “Los indígenas urbanos somos consecuencia de las políticas de despojo en contra de nuestros antepasados y hermanos de las comunidades, que al perder las tierras buscan la subsistencia en las ciudades.” (2006). A pesar de que este hecho es una realidad ineludible, existe conflicto dentro del movimiento mapuche respecto del término “mapuche urbano”, pues mientras un sector lo reconoce como un término objetivo para describir la realidad actual del pueblo mapuche, otro sector lo considera como una segmentación autorreconocida del pueblo mapuche dentro de la lucha por demandas políticas colectivas, tales como la recuperación de los territorios usurpados. Respecto de esto, Marcos Valdés comenta que: “... la aceptación de lo mapuche urbano es romper con los motivos históricos que explican el fenómeno migratorio, vale decir, legitimar la usurpación y miseria de los antepasados, asumiendo como verdadera la artificial dicotomía de lo urbano y lo rural” (El problema de lo urbano y lo rural, 2007). De acuerdo con esto, el mapuche nacido en la ciudad sufriría de una severa crisis identitaria, pues no rompe los vínculos con la historicidad de su pueblo, sin embargo se ve enfrentado a la vida citadina, que se encuentra en discordancia con los valores y forma de vida propia de su pueblo de origen. No existiría claridad en relación al grupo social de pertenencia, pues en el caso del mapuche en situación urbana se presentaría una dicotomía, donde el desarrollo de la pertenencia socioterritorial suele concretarse en favor de la urbe.
En cuanto a la demanda territorial, la recuperación del Wallmapu (territorio mapuche), permitiría concretar la lucha por la autonomía, idea fervientemente apoyada por gran cantidad de intelectuales mapuche, debido a que es en él donde se genera para este pueblo el verdadero arraigo histórico; por ello surge la idea del retorno a las tierras de origen. Claramente, se considera que es un proceso de largo aliento, sin embargo aquí el conflicto principal es la crisis identitaria de quienes se han criado en la ciudad, quienes como cualquier sujeto susceptible a la influencia de los medios de comunicación y del mercado han sucumbido a las necesidades creadas de la vida de la ciudad, a la necesidad de la inmediatez y de la comodidad cotidianas en situación urbana, lo que hace que al menos por ahora, la idea del retorno pierda fortaleza. Sin embargo no es un imposible, para lograrlo se deben tender redes sociales fuertes entre los mapuches que habitan en las ciudades, generando espacios de reflexión en cuanto al sentido de pertenencia, a la identidad y a los proyectos que puedan tener; planteando, y no imponiendo, la idea del retorno al Wallmapu.
Quines forman parte de estos movimientos son principalmente jóvenes con ascendencia mapuche -que corresponden a la segunda o tercera generación de sus familias nacidos en la ciudad- participando de grupos políticos que trabajan por fortalecer los canales de comunicación entre mapuches residentes en áreas urbanas, y cuya finalidad son la revitalización de la cultura y la recuperación de predios ancestrales.
Existen innumerables reflexiones acerca de la vida de los mapuches en contexto urbano, a las condiciones precarizadas en las que viven y trabajan, a la marginalidad de la sociedad hacia las personas de esta etnia. Respecto a esto, la Consejería Indígena Urbana expresa que: “Los indígenas urbanos somos consecuencia de las políticas de despojo en contra de nuestros antepasados y hermanos de las comunidades, que al perder las tierras buscan la subsistencia en las ciudades.” (2006). A pesar de que este hecho es una realidad ineludible, existe conflicto dentro del movimiento mapuche respecto del término “mapuche urbano”, pues mientras un sector lo reconoce como un término objetivo para describir la realidad actual del pueblo mapuche, otro sector lo considera como una segmentación autorreconocida del pueblo mapuche dentro de la lucha por demandas políticas colectivas, tales como la recuperación de los territorios usurpados. Respecto de esto, Marcos Valdés comenta que: “... la aceptación de lo mapuche urbano es romper con los motivos históricos que explican el fenómeno migratorio, vale decir, legitimar la usurpación y miseria de los antepasados, asumiendo como verdadera la artificial dicotomía de lo urbano y lo rural” (El problema de lo urbano y lo rural, 2007). De acuerdo con esto, el mapuche nacido en la ciudad sufriría de una severa crisis identitaria, pues no rompe los vínculos con la historicidad de su pueblo, sin embargo se ve enfrentado a la vida citadina, que se encuentra en discordancia con los valores y forma de vida propia de su pueblo de origen. No existiría claridad en relación al grupo social de pertenencia, pues en el caso del mapuche en situación urbana se presentaría una dicotomía, donde el desarrollo de la pertenencia socioterritorial suele concretarse en favor de la urbe.
En cuanto a la demanda territorial, la recuperación del Wallmapu (territorio mapuche), permitiría concretar la lucha por la autonomía, idea fervientemente apoyada por gran cantidad de intelectuales mapuche, debido a que es en él donde se genera para este pueblo el verdadero arraigo histórico; por ello surge la idea del retorno a las tierras de origen. Claramente, se considera que es un proceso de largo aliento, sin embargo aquí el conflicto principal es la crisis identitaria de quienes se han criado en la ciudad, quienes como cualquier sujeto susceptible a la influencia de los medios de comunicación y del mercado han sucumbido a las necesidades creadas de la vida de la ciudad, a la necesidad de la inmediatez y de la comodidad cotidianas en situación urbana, lo que hace que al menos por ahora, la idea del retorno pierda fortaleza. Sin embargo no es un imposible, para lograrlo se deben tender redes sociales fuertes entre los mapuches que habitan en las ciudades, generando espacios de reflexión en cuanto al sentido de pertenencia, a la identidad y a los proyectos que puedan tener; planteando, y no imponiendo, la idea del retorno al Wallmapu.



